La Casa del Conde de Blanca inicia una nueva vida como espacio para la gastronomía y la celebración

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Hay lugares que parecen esperar el momento adecuado para despertar. La Casa del Conde de Blanca es uno de ellos. Apenas 10 días después de firmarse la adjudicación, el proyecto ya tiene su primera boda cerrada para noviembre, una señal temprana de que este edificio histórico del siglo XVIII vuelve a ocupar el lugar que le corresponde. Tras quince años cerrado, el inmueble se prepara para convertirse en un referente para la celebración, la gastronomía y el turismo con alma en la Región de Murcia.

Detrás de esta nueva etapa están Ramón Carrasco y Germán González, socios del restaurante Taúlla, junto al chef Rodi Fernández, que asume la dirección de la propuesta gastronómica y aporta algo más difícil de medir: la conexión emocional con el lugar. Fernández es natural de Blanca y llevaba tiempo imaginando un proyecto capaz de devolver la vida a este enclave singular.

“Siempre me ha encantado este sitio”, reconoce el chef, que habla del proyecto con una mezcla de ilusión y respeto. “Lleva cerrado quince años. Hay que hacer una reforma integral, pero el proyecto es espectacular. Tiene muchas posibilidades”.

Detrás de este proyecto están Ramón Carrasco y Germán González, socios del restaurante Taúlla, junto al chef Rodi Fernández.

Situada en plena calle Mayor, en el corazón del casco urbano, La Casa del Conde es de propiedad municipal y ha sido adjudicada por el Ayuntamiento de Blanca a la empresa Taúlla RCS, SL para su explotación durante treinta años, con un canon anual de 25.500 euros. Un acuerdo que permite activar la recuperación de uno de los edificios más representativos del municipio y devolverlo a la vida pública.

La intervención no será sencilla. El conjunto suma 2.795 metros cuadrados entre la casa y los jardines, y la rehabilitación se abordará en dos fases. En la primera, los jardines se acondicionarán para abrir al público durante los meses de julio y agosto como terraza de verano, mientras que los salones interiores comenzarán a funcionar en otoño. La casa, la parte más compleja del proyecto, se transformará en un hotel rural con encanto de doce habitaciones.

“Queremos que toda la zona de hospedaje esté lista para mediados de 2027. Hay doce habitaciones y seis muy especiales, porque era donde vivía el conde. Pero al ser una casa del siglo XVIII hay que tener en cuenta muchas cosas, ya que es un BIC (Bien de Interés Cultural)”, explica Fernández, consciente del equilibrio necesario entre conservación patrimonial y nuevo uso.

El origen del proyecto responde también a una realidad creciente. “Cada vez tenemos más eventos”, apunta el chef, que insiste en el vínculo personal que lo une al lugar. “Yo soy de Blanca, que para mí es uno de los pueblos más bonitos de Murcia, y este sitio es especial”.

Una declaración que resume bien el espíritu de una iniciativa que no busca solo abrir un restaurante y un hotel, sino devolver a la Casa del Conde el protagonismo perdido, respetando su historia y proyectándola hacia el futuro desde la gastronomía, el encuentro y la celebración.


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