CULTURA Y OCIO

Sonia Marlo: la acuarela como mirada

Picture of Redacción 'The Gastro Times'

En la acuarela todo ocurre en silencio. El pigmento se desplaza con una lentitud orgánica, se diluye, respira, se deposita en el papel como si obedeciera a una gravedad íntima. En ese territorio delicado —donde el error es visible y la corrección casi imposible— es donde la acuarelista Sonia Marlo encuentra su lenguaje.

Su pintura parece surgir de una observación paciente del mundo cotidiano. No busca lo monumental ni lo espectacular: prefiere los objetos cercanos, las escenas aparentemente modestas, los momentos que pasan desapercibidos. Sin embargo, al trasladarlos al papel, los transforma en espacios de contemplación.

En sus acuarelas conviven tres territorios fundamentales: la naturaleza, la vida doméstica y la memoria del paisaje mediterráneo.

La naturaleza como arquitectura de luz

En las composiciones botánicas —como las ramas de olivo cargadas de fruto— la artista demuestra una comprensión profunda de la acuarela como medio. Las hojas no se dibujan: aparecen. Surgen de veladuras superpuestas, de transparencias verdes y grises que sugieren la vibración de la luz sobre la superficie vegetal.

La acuarela no se impone; dialoga con el blanco del papel. Ese blanco no es vacío: es aire, es luz filtrada entre las hojas.

La mirada de Marlo se acerca en estos trabajos a la tradición de la ilustración botánica, pero sin su rigidez científica. Lo que interesa no es catalogar la planta, sino capturar su respiración visual.

La vida cotidiana como escena pictórica

Otra línea de su trabajo se sitúa en la representación de escenas domésticas y objetos cercanos: platos de comida, macetas, interiores luminosos. En estas obras la acuarela se vuelve más gestual, más espontánea.

Un simple plato servido en una mesa se convierte en un paisaje cromático donde conviven el rojo profundo de una salsa, el blanco luminoso de un huevo o los tonos tostados del pan. La línea —a menudo realizada con tinta— organiza la composición mientras el color se despliega con libertad.

Aquí la artista se acerca a la tradición del cuaderno de viaje, esa pintura inmediata que captura la experiencia del momento antes de que se disuelva en la memoria.

El paisaje y la arquitectura

Las pequeñas escenas urbanas y arquitectónicas muestran otra faceta de su lenguaje. Iglesias, edificios históricos o plazas aparecen sintetizados mediante líneas ágiles y manchas suaves de color.

No hay voluntad de exactitud fotográfica. Al contrario: lo que emerge es la atmósfera del lugar, esa sensación que queda después de haber estado allí.

En estos trabajos la acuarela funciona casi como escritura: cada pincelada parece una nota tomada al paso.

Figuración y libertad

Una de las cualidades más interesantes de la obra de Sonia Marlo es su capacidad para oscilar entre estilos. En algunas piezas la representación es delicada y realista; en otras, el color se vuelve plano y vibrante, cercano a la ilustración contemporánea.

El retrato femenino, por ejemplo, muestra un tratamiento mucho más libre: manchas expresivas, colores inesperados, gestos que dejan visible el proceso pictórico. Es una acuarela que se acerca más a la emoción que a la descripción.

Esa alternancia entre control y libertad revela una artista que explora el medio sin encerrarse en un único registro.

La acuarela como forma de mirar

Quizá el rasgo más constante en toda su producción sea la atención a la luz. En el agua tranquila donde flota una barca, en el reflejo de una terraza con macetas o en la piel de una fruta madura, el color nunca es pesado: siempre parece atravesado por la claridad.

La acuarela exige humildad: obliga al artista a aceptar el comportamiento del agua y del pigmento. En manos de Sonia Marlo, esa condición se convierte en una virtud estética. Sus obras no pretenden dominar la materia, sino acompañarla.

Así, cada pintura funciona como un instante suspendido: una hoja iluminada por el sol, un plato recién servido, un barco quieto sobre el agua.

Pequeños fragmentos de realidad que, gracias a la transparencia de la acuarela, permanecen abiertos a la luz.

Quizá por eso sus obras no se agotan en una primera mirada. Permanecen, como permanece la luz cuando se posa sobre una superficie y, por un instante, parece quedarse.

En ese instante —leve, inestable, casi imperceptible— es donde sucede su pintura y también, de algún modo, la emoción.

Queréis conocerla un poco más, aquí os dejo su CUESTIONARIO VORAZ


CUESTIONARIO VORAZ

1. Última cena en el corredor de la muerte.
Un vino ecológico de autor, Boina Tinta, de Bajo el Cejo (El Berro)… para beber y pintar.

2. A una isla desierta, ¿qué comida te llevarías?
Comida de la huerta, lo que pueda cultivar allí.

3. Tu mejor momento gastro.
Un desayuno al fresco rodeada de azahar y el sol en la espalda.

4. ¿León o gacela?
Gacela, muy lejos del león.

5. Vino favorito.
El que no decepciona con las expectativas de color y olor.

6. Restaurante en el que te gustaría exponer tus creaciones.
En el Restaurante Real Casino de Murcia.

7. Restaurante de Murcia favorito.
El mismo. Entorno único que inspira.

8. ¿Ginebra, whisky o chocolate?
Chocolate negro con cardamomo y jengibre.

9. ¿A qué saben tus obras?
A tierra, raíz, remolacha, mar, sal… a Mediterráneo.

10. ¿El éxito es dulce o salado?
El éxito siempre es dulce, aunque el camino haya sido salado.

11. Tu Time Gastro.
Comida sin prisa con amigos.

12. ¿Qué animal no te comerías nunca?
Ninguno que pueda ser una mascota.

Por Elena Fuentes Blanco. Comisaria de Arte Independiente. Agitadora Gastro-Cultural. Co-Directora de La Consentida_Art.


Compartir con

Scroll al inicio
Recibe la newsletter de
The Gastro Times en tu correo