MAMEN NAVARRETE

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Premios cool

Redacción 'The Gastro Times'

No sé qué tiene más su puntico, recibir un premio o darlo. Lo de darlo lleva implícito que tienes el caché de estar a la altura del premio, el premiado y la institución. Lo de recibirlo no lo sé porque nunca he recibido un premio.

Últimamente por cosas de la vida misma, he sido elegida para dar tres premios y me gusta. Tu rol es muy sencillo y es difícil quedar mal. Con un look adecuado, una sonrisa bien puesta y mucho de saber estar, no tienes que hacer gran cosa. En cambio, el premiado, entre nervios, lectura de agradecimientos y todo eso se puede complicar el tema. Todos estos premios, por supuesto, han estado relacionados con la cultura que es a lo que me dedico. Y me hacen feliz.

Dedicarse a la cultura es una carrera de fondo, se sortean muchos obstáculos empezando por la falta de reconocimiento a la profesionalización. Y ahí es donde voy.

Es de suponer que hay mucha gente con talento culinario heredado en la mayoría de las ocasiones de su familia: madre, abuela o padre. Es verdad que ahí también están los que tienen un don especial, que les gusta meterse a la cocina y disfrutar con las recetas más variadas. Pero aún así, cuando vamos a un restaurante a comer y disfrutar de unos buenos y elaborados platos pedimos profesionalidad. Para montar una hamburguesa en un trozo de pan ya están los espacios siderales.

En el ámbito cultural no está reconocida la profesionalización, es decir, los profesionales preparados en formación, conocimiento y oposiciones específicas son pocos y son raritos.

Tampoco se exige mucho, un pinche con aptitudes puede casi dirigir el Metropolitan de Nueva York. Solo hay que ver el perfil de los políticos y cargos dedicados a la cultura, o la deriva de muchos profesionales que estudiaron químicas y acabaron dirigiendo la cátedra de teatro. Y así. Nada tengo en contra de esto ya que muchos de los que han acabado fortuitamente en la cultura son los que más vocación y lealtad le tienen que otros que se creen formados en ella. Pero como esto es complejo de entender, no de explicar, lo dejo caer como si nada.

Ya hablé por aquí de cómo se debe cuidar la cultura y de las necesidades de visión transversal que necesita. Es como un buen cocinero, sería muy monótono que un chef se dedicase solamente a la preparación de lubinas al horno, se entiende que conoce montones de recetas, maridajes, salsas, sabores, postres, dulces, experiencias y miles de tendencias. Todo eso lo puede hacer porque es un buen profesional, conoce la materias primas, las fórmulas y experimenta sin miedo porque controla.

En fin, para quien quiera entender…

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