LUCÍA HERNÁNDEZ

Canela en rama

Mi limón, mi limonero

Redacción 'The Gastro Times'

‘Mi limón, mi limonero, entero me gusta más’, nos cantaba allá por el 1968 el cantante venezolano Herny Stephen llegando a plagar las listas de éxitos mundiales, e insertándose eternamente en nuestra memoria colectiva a la hora de intuir que comienza la barra libre o reconocer que van a chapar el bar.

Así es el limón, el principio y el final, el alfa y el omega y la distinción clara de que se encuentra usted ante un murciano.

¿Imaginan un aperitivo sin limón? ¿Qué sería de la lata de berberechos, de las patatas fritas ‘de bolsa’, de un caldo con pelotas, de un goloso arroz con leche…? ¿Qué sería del borde solitario del vaso de Gin&Tonic?

Sin él sufriríamos una repentina viudedad en el paladar y nos sumiría en lo más profundo de lo insulso, sin la chispa cítrica de su acidez sin la gracia envolvente de su aroma a vida.

Miguel Hernández describía un instante de pulsión amorosa con sus eternos versos del poema ‘Me tiraste un limón, y tan amargo’; de igual modo el cítrico sirvió de entretenimiento al gitano esencial de García LorcaAntoñito, El Camborio antes de su fatal desenlace cuando ‘A la mitad del camino cortó limones redondos y los fue tirando al agua hasta que la puso de oro’…y que no se nos pasé la vida sin que alguna vez nos miren como describe la copla de Rafael de León y Salvador Valverde, con esos ojos verdes ‘y al verde, verde limón’.

Me proclamo activista del limón, y por ello de quienes con mimo los cultivan y saben saborear las miles de notas cítricas que encierra su pulpa, amparo al limón y a quién lo trabaja, y por ello me situaré frente a quien lo convierte en usura, especulación, o basura.

Defiendo al limón y lo que entraña y al futuro de sus gentes que día tras día, con arrojo, le echan a la vida un par de limones.

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