TOMÁS ZAMORA

Al pie del fogón

La tarta Tatin

Redacción 'The Gastro Times'

¿Pero qué hace ahí esa masa? Stephanie, ¡tía! ¿Qué has metido en el horno?

  • ¡Madre mía Caroline! Si es que voy loca toda la mañana con tanto lío.

Algo así, pero en francés, se debió escuchar en la cocina del hotel Tatin, al sur de Orleáns en Lamotte-Beuvron.

La sociedad francesa vivía un periodo floreciente tras la guerra franco-prusiana de 1871, y todo iba a ser felicidad hasta que llegara la primera guerra mundial en 1914. Durante esos años se respiraban a orillas del Sena aromas de evolución y desarrollo: los cafés, bulevares, salones y cabarés mostraban su mejor cara a la burguesía y a una renaciente clase media.

Tras la patente en 1895 del cinematógrafo los hermanos Lumière estrenaban su primera película después de (pásmense) sólo tres días de rodaje. Las calles de París se engalanaron de señoras bien ceñidas de un corsé, que ya formaba parte del vestuario cotidiano, luciendo pieles y sombreros emplumados, y por supuesto se hacían acompañar de señores con chistera, bigote y zapatos acharolados.

Durante esos años se celebraron en París tres exposiciones universales, aunque las más emblemáticas fueron las de 1889, donde se alzó por primera vez la vista de Europa para admirar la Torre Eiffel, y la de 1900. París pasó de tener 1.8 millones de habitantes a 2.8. Aunque la capital francesa era el espejo donde mirarse, este tiempo de esplendor fue disfrutado por toda Europa. Ya habrán adivinado que estamos hablando de un periodo que fue bien bautizado como la “Belle Époque”.

Una vez ubicados en el tiempo, volvamos a la cocina del hotel de las hermanas Tatin:

A menos de 200 km de París y con una buena comunicación en ferrocarril, los parajes de Lamotte-Beuvron eran un destino muy apetecible para la caza, y los altos cargos, políticos y aristócratas de la época empezaron a frecuentar el hotel de nuestras queridas hermanas Tatin. 

La tensión en la cocina, por querer agradar a los distinguidos comensales, hizo que la mayor de las hermanas metiera en el horno una tarta de manzana sin haber puesto debajo la masa.

  • ¡Caroline!, por favor, deja de dar saltos y santiguarte que lo vamos a arreglar.

Stephanie sacó del horno la tarta y le puso la masa por encima. Una vez cocida, la desmoldó dándole la vuelta. El aspecto de la manzana que había servido de base se había caramelizado, era una imagen deliciosa y ese aroma de suave dulzor embriagó los paladares de los comensales.

A mí es esta la historia que me gusta, aunque otras versiones defienden que simplemente se les rompió el horno y que caramelizaron en una sartén las manzanas. En cualquier caso ambas ocurren “al pie del fogón”. 

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