Los refranes son una suerte de poemas sentenciosos, llenos de sabiduría y con tendencia a gran difusión, lo que ahora llaman viralización. La gastronomía no está exenta de difundirse a lo largo de los tiempos a lomos de estas curiosas paremias.
La mayoría recomiendan dietas sanas equilibradas y frugales, incluso atienden a distribuir la alimentación de forma saludable: “desayuna como un rey, come como un príncipe y cena como un mendigo”. De esta forma siguen haciendo hincapié en la moderación recordando que “el buen seso huye de todo exceso”, y a sabiendas de que “quien quiera salud segura, prefiera el hambre a la hartura”. En fin, concluimos que “con poca comida se pasa mejor la vida”.
Por otro lado, hay algunos alimentos más perjudiciales que otros, por lo menos en los tiempos en los que la conservación y el trasporte de ciertas materias primas, como carnes y pescados, eran más complicadas. Así, no sale bien parada la carne de vacuno y de cordero, ya que “toda carne es sospechosa y la muerta venenosa”, y aunque si “comes buena carne y bebes vino añejo, te lucirá el pellejo”, “no busques de qué murió el que cordero asado cenó”, y aún diría más: “si quieres ver a tu marido enterrado, dale de cenar carnero asado”. Sin embargo, las carnes de aves no son tan mal vistas por la sabiduría popular, así promulgan que “caldo de gallina y precaución nunca hicieron daño a hembra ni a varón” y “caldo de gallina es reconocida medicina”.
Sobre el pescado no hay muchos refranes y se centran sobre todo en su conservación, de modo que hay que consumirlos cuanto antes, ya que tal y como le ocurre a “las visitas, al tercer día huelen”. Recuerde que “para decir mentiras y comer pescado, hay que tener mucho cuidado”. En conclusión: “El novio y el pez, frescos han de ser”.
Son considerados muy sanos y recomendables, frutas, verduras y cereales. La fuente de vitaminas por antonomasia es la fruta como el famoso “zumo de limón, zumo de bendición”, aunque hay quien dice que “la naranja y la granada, antes que nada”. También la fruta que no es ácida funciona porque “una manzana al día, el médico te ahorraría”. El único inconveniente de algunas frutas es el que se le atribuye a la supuesta indigestión que provoca por la noche: “el melón por la mañana es oro, por la tarde plata y por la noche mata”.
Las verduras salen muy bien paradas en los refranes, son ricas en vitaminas, hipocalóricas y muy sanas: “comer verdura es cordura”. Con este refrán queda todo dicho.
¡Pásmense! Hay un refrán que es en sí mismo la receta de la ensalada: “Para hacer una ensalada, cuatro hombres hacen falta: para la sal, un sabio; para el vinagre un avariento; para el aceite un pródigo; y para revolverla un loco”.
A pesar de que la tradición popular parece cuidar mucho la salud, hace una clara excepción con las bendiciones del vino, por muy alcohol que sea, y aunque hay alguno que apela a la prudencia en la cantidad, el pueblo soberano no desea que falte en la mesa. Asevera el castizo que “comer sin vino, es miseria o desatino” porque “todo lo que se come sin vino, se vuelve dañino”. Bendecidas las sentencias por el clero con “el consejo del buen padre capuchino: con todo lo que comas, vino”; incluso otras órdenes coinciden: “ni mesa sin vino, ni sermón sin agustino”. Queda claro lo maravilloso de este regalo del dios Baco, el corolario es: “con pan y con vino, se anda el camino”.
Finalizamos con algunos consejos posprandiales que aseguren una buena digestión:
“Después de comer, ni libro ni mujer”; “después de comer dormir, y de cenar pasos mil”.
¡Viva San Valentín! “Contigo pan y cebolla”.