PEDRO CABALLERO​

Pulpo al horno

El relato

Picture of Redacción 'The Gastro Times'

Relatar es contar cosas, narrar. Quizás es lo que pretendemos desde estas líneas de vez en cuando. El relato, como concepto, viene resurgido del ámbito de la comunicación política (lo que ha sustituido a la política). “Hay que ganar el relato”. Qué maravilla. Hasta los fiscales tienen que ganar el relato.

Como no estamos aquí para meternos en berenjenales, sino para meternos berenjenas a la crema, vamos a lo del comer: no soporto los relatos forzados para echarme algo a la boca. Me gustan las cosas con sentido y, sí algo viene a una mesa porque trae una historia que lo justifica sobre el mantel, bienvenido sea. Tampoco es plan de comer por comer, que eso sería gula, pero aquí somos gastrónomos. Ya sabe usted.

No sé si es desde lo de la comida molecular o desde cuando, pero el personal de sala te mete unas palizas históricas para explicarte un plato. Pobrecicos, que no tienen culpa: a veces no tienen más remedio que reproducir el palizón histórico que se le ha ocurrido al cocinero.

Estamos de acuerdo en que los platos deben explicarse para saber lo que tiene uno delante, para anticipar lo que deben encontrar sus sentidos o para conocer ese relato que hace que esa preparación haya llegado hasta esa mesa.

En una cata reciente, Carlos de El Churra (que es, en vinos, lo que en los noventa se decía un JASP) nos contaba la historia de cómo había llegado un cordero segureño perfectamente asado hasta nuestra presencia y por qué se servía el vino francés con el que se maridaba. Resulta que las gentes de Bodegas Cerrón, que están haciendo unos vinos increíbles en zona albaceteña perteneciente a la D.O. Jumilla, se fueron a aprender cosicas a Chateauneuf du Pape, una pequeña pero muy productiva zona vinícola del sureste de Francia, cerca de Aviñón, que fue donde un grupo de cardenales disidentes se fueron a nombrar un Papa alternativo (“castillo nuevo del Papa”, podría ser la traducción).  No sé si están tocados por la infalibilidad pontifical, pero tienen el don de que las cosas que salen de su bodega son bendiciones. El caso es que esta gente también hacía quesos y, de las cabras lecheras suelen nacer cabritos y, esos cabritos, son enviados a Murcia a ser perfectamente asados bajo la batuta de Juan Antonio. Rodando rodando llegamos a un relato hilvanado con resultado de fiesta sensitiva. Un cordero proveniente de unos viticultores queseros maridado con un vino de los maestros de esos viticultores queseros. Así sí.

Lo que me corta la digestión en mitad de una comida es que me venga el camarero con milongas históricas. Una vez, en un estelado Michelín restaurante de la provincia de Cádiz, me presentaron los postres diciendo que como aquello había sido Al-Andalus (como si Teruel no lo hubiera sido) éstos eran a base de miel, almendra, etc. ¡Qué pereza! Tener que estar oyendo la eterna confusión de Andalucía con Al-Andalus para acabar comiéndome los dulces de Navidad de mi abuela. Claro, de interior de Valencia, Murcia y Granada… la última zona donde quedaron asentados moriscos hasta su expulsión 120 años después del final de la reconquista. Puedes entablar una diatriba histórica o vengarte en la propina. Tú decides.

Tal y como está el mundo no es descartable que los cardenales hagan un cisma en la iglesia de Roma. Las generaciones futuras tienen derecho a tener un buen relato. Que en Chateauneuf du Pape sigan haciendo vino y los bodegueros queseros cordero segureño. Y El Churra juntándolo todo. Disfruten.

Compartir con

Scroll al inicio
Recibe la newsletter de
The Gastro Times en tu correo